Hoy es la fiesta de la visitación de María, y con ella, agradecemos nuestra Madre de un modo especial su presencia en nuestra vida…

Que nuestro corazón salte de gozo al acompañar hoy esta canción

Fiesta Litúrgica

Fiesta de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María, con motivo de su viaje al encuentro de su prima Isabel, que estaba embarazada de un hijo en su ancianidad, y a la que saludó. Al encontrarse gozosas las dos futuras madres, el Redentor que venía al mundo santificó a su precursor, que aún estaba en el seno de Isabel, y al responder María al saludo de su prima, exultante de gozo en el Espíritu Santo, glorificó a Dios con el cántico de alabanza del Magníficat.


Después del anuncio del ángel, María se pone en camino (“de prisa” dice san Lucas) para ir a visitar a su parienta Isabel y prestarle un servicio. Uniéndose probablemente a una caravana de peregrinos que se dirigen a Jerusalén, atraviesa la Samaría y llega a Ain-Karim (en Judea), en donde vive la familia de Zacarías.

Es fácil imaginar los sentimientos que invadían su espíritu al meditar el misterio que le había anunciado el ángel. Son sentimientos de humilde agradecimiento con la grandeza y bondad de Dios, que María expresará en su encuentro con la prima con el himno del Magnificat, la expresión del amor jubiloso “que canta y alaba al amado” (san Bernardino de Siena): “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija…”.

La presencia del Verbo encarnado en María es causa de gracia para Isabel, que, inspirada, descubre los grandes misterios que se han obrado en la joven prima, su dignidad de Madre de Dios, su fe en la palabra divina y la santificación del precursor, que salta de alegría en el seno de la madre. María se queda con Isabel hasta el nacimiento de Juan Bautista, esperando probablemente ocho días más para el rito de la imposición del nombre. Aceptando este cómputo del período transcurrido con la parienta Isabel, la fiesta de la Visitación, de origen franciscano (los frailes Menores la celebraban ya en el 1263), se celebraba el 2 de julio, es decir, al final de la visita de María. Hubiera sido más lógico colocarlo después del 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, pero se quiso evitar que cayera en el período cuaresmal.
El Papa Urbano VI extendió la fiesta a toda la Iglesia latina para pedir por intercesión de María la paz y la unidad de los cristianos divididos por el gran cisma de Occidente. El sínodo de Basilea, en la sesión del 1 de julio de 1441, confirmó la festividad de la Visitación.

El actual calendario litúrgico, sin tener en cuenta la cronología según la narración evangélica, abandonó la fecha tradicional del 2 de julio (antiguamente la Visitación se conmemoraba también en otras fechas) y estableció la memoria para el último día de mayo.                               

Con nuestras hermanas africanas, veneramos hoy a la Virgen, tan amada por todas ellas y por todos los pueblos de Africa. Ella es la Madre que une y congrega bajo su maternidad a todos los hijos de este querido continente…

Recordamos con cariño hacia nuestras hermanas y hacia su cultura, algunas características de la religiosidad y cultura africana. En la sociedad africana, la madre está llamada a acoger, y a guiar la vida comunitaria, (vida personal y vida del clan), por eso es natural subrayar la importancia del papel específico de la madre africana en la sociedad. Así, análogamente, la figura de la Virgen María, Madre de Jesús y mamá de los africanos, bien aceptada y comprendida, para Africa, es la estrella que nos conduce hacia Jesucristo. Otra característica propia de África es que los africanos convertidos al cristianismo conservan siempre un respeto y un apego hacia sus antepasados de buen corazón porque de ellos han heredado los valores positivos de la cultura, y en ellos pueden encontrar un nexo entre la fe cristiana y la cultura africana. La virgen María siendo la Madre de Jesús es la antepasada de todos y ocupa un sitio especial al lado de su hijo. Es inimaginable pensar que la madre esté lejos de su hijo. Esta mentalidad ha preparado al pueblo africano a entender y aceptar fácilmente el dogma de la asunción de María al Cielo.

África es todavía un continente de tradición oral. Los gestos y las manifestaciones de los antepasados transmitidas a las nuevas generaciones tienen un gran valor. Las manifestaciones y las procesiones organizadas por los africanos en honor de la Virgen expresan una profunda fe y veneración. Las culturas africanas conservan un agudo sentido de la solidaridad y la vida comunitaria. En África no se entiende una fiesta que no sea compartida con la entera aldea. De hecho, la vida comunitaria en las sociedades africanas es la expresión de la grande familia.

La Virgen de la sonrisa de Dios. Hoy el mundo necesita está sonrisa, necesita recobrar la alegría de vivir…

Hoy queremos contemplar con ojos llenos de esperanza a la Virgen Blanca de la catedral de Toledo, imagen gótica, preciosa, llena de la sonrisa de Dios. Queremos ver en Ella que Dios nos sonríe, que nos mira con benevolencia y que nos acaricia. Que está a nuestro lado para devolvernos la alegría. La Madre de Dios, y nuestra Madre, nos revela que Dios nos ha creado para ser felices y para sonreír a la vida, llenando nuestra existencia de esperanza y de confianza., de júbilo y de buenas noticias. Ojalá que mirándole a Ella aprendamos a bendecir por todo lo que nos acontece, y a agradecer a Dios todos los signos visibles de su gran amor a lo largo y ancho de este día. Y, si mirando a la Virgen, aprendemos a sonreír, será una gracia. Será la gracia bendecida de nuestra fidelidad para alegrar también a quienes nos rodean. Porque el mundo de hoy necesita de las sonrisas de los discípulos de Jesús para hacer experiencia de que la felicidad es posible aun en medio de la pandemia.

María es el rostro “más tierno del rostro de Dios”. Mirándole a Ella sabemos que nuestra fe descansa en la ternura y misericordia del Señor…

Madre de Dios y Madre nuestra, rostro de la ternura de Dios, manifestación de su misericordia y bondad, acércate a nosotros dejándonos contemplar tu rostro para que podemos llegar, con mayor alegría y confianza, al rostro lleno de ternura de nuestra Dios. Dios es amor, es bondad misericordiosa, es mansedumbre y paz. Pidamos que su rostro marque nuestro corazón para siempre.

Hoy, nuestros ojos de mujeres discípulas, se “miran en los ojos de María”, mujer y discípula…

Este rostro de María pertenece a una pintura de Murillo, que hemos recortado para poder contemplar mejor los ojos de María.

Muchas veces en nuestra vida nos hemos preguntado cómo serían los ojos de nuestra Madre del cielo. Y nos lo preguntamos hoy que celebramos la fiesta de todas las madres, incluida Ella, la Madre de Dios y nuestra.

Y podemos decir muchas cosas de los ojos de María. Cada persona, al verla, al contemplarla, podría decir muchas cosas de estos ojos, en los que nos sumergimos y quedamos atrapados por un amor profundo que no tiene límites ni fronteras.

A unas personas les provocarán amor; a otras serenidad; a muchas compasión; a bastantes, una nueva visión del mundo; a los heridos, esperanza; a los pobres, consolación; a enfermos, salud; al mundo, humanidad; a la Iglesia, redención; a los esclavos, libertad… En fin, que los ojos de nuestra Madre pueden provocar en nosotros muchas emociones y sentimientos difíciles de explicar, conduciéndonos a querer mirarla sin parar para encontrar la paz del corazón y las certezas profundas de nuestra vida.

Pero sin duda, los ojos de María son “misericordiosos”, así lo reza la salve: Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos… y lo son. Son ojos con entrañas maternas, que se fijan en los pobres y los humildes para devolverles la vida. Porque eso significa misericordia, entraña de madre, y también, poner los ojos y el corazón en la miseria del mundo, en la miseria del ser humano para liberarlo y devolverle vida y dignidad.

Ojalá que encontremos en este día de mayo, los ojos misericordiosos de María. Que en Ella quedemos envueltas para derramar esta misericordia sobre el mundo. Y que, sobre todo, como nos tenemos que parecer a Ella, no dejemos de mirarla para que también nuestra mirada adquiera esta dimensión de la misericordia y podamos mirar a todas las personas, por lo menos hoy, con los ojos misericordiosos de María.

Vuelve a nosotras esos tu ojos misericordiosos…

A ti, Madre de la Merced, que eres de todos y para todos, te confiamos nuestra vida y la vida del mundo ¡LIBÉRANOS!

Las lecturas de este día nos invitaban a vivir la fe como abandono confiado en los brazos de Dios. Nosotras, te hemos mirado a ti, Madre, y hemos llegado a comprender que toda tu vida estuvo presidida por este abandono confiado al amor de Dios a pesar de todos los pesares y de las oscuridades de tu existencia, cosas que Tú no entendías. Te fiaste del Él. Le dijiste que sí. Proseguiste siempre en tu camino, y en la oscuridad de la fe, abandonada y confiada en el Dios de las promesas. Y este Dios no te falló. Tampoco nos fallará a nosotras. Hoy hacemos contigo el propósito de avanzar en la peregrinación de la fe siguiendo tus pasos, mirando tu rostro, apoyándonos en tu confianza y fidelidad. Sostén nuestra lucha y ábrenos siempre caminos a la esperanza.