María, nuestra Madre, decide lo más importante de su vida impulsada por el Espíritu Santo…

La primera lectura de hoy nos da a conocer que los apóstoles vivían la presencia del Espíritu Santo en su vida con entusiasmo y, sobre todo, con una gran confianza. Jesús envió sobre ellos el Espíritu Santo y se dejaron conducir en todo momento por esta fuerza misteriosa de amor, por el Espíritu del Señor, del que su Maestro les había dicho que les enseñaría todas las cosas y les llevaría a la verdad completa. Así, ante decisiones importantes, los Hechos de los apóstoles insisten en poner en evidencia esta actitud: HEMOS DECIDIDO EL ESPIRITU SANTO Y NOSOTROS… ¡qué bella enseñanza también para nosotras en el camino de nuestra vocación! Porque es el Espíritu Santo el que da dinamismo a nuestras opciones y elecciones. Dóciles al Espíritu realizamos el camino de la fe y de la propia vocación.

Nuestra Madre María tomó opciones y decisiones en su vida guiada por el Espíritu Santo. Dice sí a Dios dialogando con el Espíritu del Señor; engendra a la segunda persona de la Santísima Trinidad, fecundada por el Espíritu Santo; se decide con dinamismo inaudito de ir a visitar a su prima Isabel, movida por el Espíritu del Señor; da luz con la fuerza del mismo Espíritu, asumiendo lo que este alumbramiento significaba para el mundo. Y ya, durante toda la vida de Jesús, con el Espíritu Santo que le asiste, cree profundamente en su Hijo y toma parte de su proyecto hasta que da la vida en la cruz y resucita como esperanza total del mundo. Sin la asistencia del Espíritu Santo y sin dejarse conducir por él, fiel y dócil, hubiera sido muy difícil su camino.

Toda la vida de nuestra Madre estuvo presidida por el Espíritu Santo, se dejó conducir por Él y tomó todas sus opciones y decisiones con la gracia recibida del Espíritu. Fue creciendo en la fe y progresando en su vocación de ser madre de Dios y del mundo por la fuerza del mismo Espíritu.

Nosotras, hermanas mercedarias de la caridad, que nos miramos en Ella, queremos vivir todas nuestras opciones y decisiones guiadas por el Espíritu del Señor, que siempre nos conducirá hacia la plenitud de nuestra vida y vocación. Nuestras Constituciones nos dicen que tenemos que mirar a María en la docilidad que Ella tuvo al Espíritu. En realidad, esta docilidad le llevó a María a vivir toda su vida al lado de Dios y cumpliendo su voluntad. Por tanto, esto mismo se pide de nosotras, docilidad al Espíritu para saber lo que Dios quiere de todas y de cada una y llevarlo a cabo. Qué bello sería que nosotras pudiéramos decir en todos los momentos de nuestra vida, como decían los apóstoles y como diría, sin duda, María: Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotras…

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