María, siempre en estrecho abrazo con Jesús. Ella es la mujer y discípula que supo permanecer a su lado durante toda la vida terrena de Jesús…

El Evangelio de este día, bajo la bellísima imagen de a vid y los sarmientos nos pide con insistencia que permanezcamos unidas a la vid. Porque en esta unión está la vida, la verdadera vida. Y lo pide varias veces y de distintas maneras.

PERMANECER EN SU AMOR… de eso se trata, para tener vida y vida abundante y, sobre todo, para dar fruto. Y permanecer estrechamente unidas a El. En un abrazo eterno de amor y de fidelidad. Pero, también, unidas a su persona total y a su proyecto de salvación y redención del mundo. Permanecer unidas para gozarnos en su amor, por supuesto, pero también para llevar adelante su obra salvadora en la historia de hoy como discípulas que se entregan con disponibilidad y sin condiciones. Con gratuidad y disponibilidad universal, con alegría y esperanza.

María, nuestra Madre, permaneció siempre unida a su Hijo, permaneció en su amor y no lo abandonó ni en los momentos más duros y oscuros de la vida de Aquel a quien había dado a luz por la fe. De hecho, el Evangelio de San Juan nos dice al final del mismo, que María permaneció a los pies de la cruz. Como había permanecido siempre a lo largo y ancho de su vida por los caminos de Galilea a Jerusalén.

Mirándola a Ella, que es lo que estamos haciendo en este mes de mayo, queremos de verdad, permanecer al lado de Jesús siempre. Permanecer insertas en él, como los sarmientos unidos a la vid. Queremos tener vida en Él y esta es la única manera. Pero, también, tenemos que permanecer a su lado para recrear la humanidad en los frutos de la redención y para liberar a los hombres y mujeres de hoy de sus esclavitudes. Permanecer en Jesús es iluminar el mundo con el amor de Dios, regalar esperanza en las promesas de Dios, hacer llamadas a la confianza en Aquel que nos conforta, recrear la ilusión en los que han perdido la esperanza en la vida.

Por eso hoy nos preguntamos como es nuestro PERMANECER EN JESUS, AL LADO DE JESUS, CON JESUS AL LADO DE LOS POBRES, CON JESÚS LLEVANDO LIBERACIÓN AL MUNDO, VIDA A LAS PERSONAS, DIGNIDAD A LOS NECESITADOS. Miremos a María y, con Ella y como Ella, permanezcamos no solo en el tiempo al lado de Jesús, sino con un amor comprometido y con una fidelidad creyente. Podemos pasarnos tiempos prolongados en las capillas y no permanecer unidas a Él y en Él. Esta permanencia se tiene que notar, ver, palpar en la cotidianidad del amor y en actos concretos y sacramentales de caridad.

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