Hoy celebramos el “dulce nombre de María” y proclamamos sobre ella la bienaventuranza que le regaló Isabel: Bienaventurada tú porque has creído…

 

15950137182_1237ef4a2f_cLa página evangélica que nos regala hoy la Palabra de Dios es el proyecto de vida que Jesús propone a sus seguidores. Es la quintaesencia del Evangelio y el camino más perfecto para llegar a Dios. Las bienaventuranzas son el programa contracultural que el Evangelio nos presenta para recrear la humanidad caída y para recrear la esperanza de los pobres de la tierra, cuyo horizonte no puede ser más que el Dios misericordioso y fiel. El Dios que levanta del polvo al desvalido  y llena de ternura al pobre.

Junto a estas bienaventuranzas, que Jesús vivió en la cotidianidad de su amor al Padre y a los seres humanos, nos encontramos con la bienaventuranza de la fe que Isabel le regaló a María cuando fue a visitarla a in Karen: Bienaventurada tú que has creído, porque todo lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Isabel proclama bienaventurada a María por su fe. Porque ella creyó sin dudar en el anuncio del ángel, haciendo realidad así el sueño de Dios para la humanidad: enviar a su Hijo nacido de una mujer (Gál 4,4). María, por su fe, hizo posible que los proyectos de Dios se realizarán en el mundo y que la encarnación del Hijo de Dios fuera el principio de la salvación y de la regeneración del ser humano después del pecado de Adán y Eva. Ella, a pesar de las preguntas ¿cómo será eso, pues no conozco varón? se fió de que Dios puede realizar lo que pide y promete y se lanzó a la aventura de abandonar toda su persona en Dios dando un sí permanente al amor que Él le había demostrado.

La fe de María estuvo llena de confianza y de abandono no sólo en la Palabra de Dios, revelación de su vocación para Ella, sino de confianza y abandono en Dios como Padre, fiel a la alianza, cumplidor de sus promesas y realizador de su proyecto de amor sobre los pobres, a los que María ensalza en su magnificat. Y, aunque ella avanzó en la peregrinación de la fe, no dejó de confiar y de creer aun a pesar de que, a los ojos del mundo, este proyecto de Dios había fracasado por completo con la muerte de su Hijo en la cruz.

Hoy, como mujeres y discípulas, nos acogemos a la fe de María, que además estuvo llena de la dulzura y de la consolación de Dios, creando en ella espacios para la alabanza y la acción de gracias a pesar de las sombras del camino. La dulzura de su nombre nos enseña que el permanecer de pie ante los avatares de la vida, teniendo el corazón tranquilo y confiado en el amor de Dios, es lo propio de los que nos hemos dejado seducir por la fidelidad de un Dios que nunca falla. Dios tendrá la última palabra sobre la fe de María el día de la resurrección de su Hijo. Su fe se hace tan luminosa ese día que no deja de acompañar con su luz y su dulzura a los que hoy caminamos aún en la peregrinación de la fe, con sus luces y sus sombras.

Que María, bienaventurada porque ha creído, nos conceda la gracia de creer en el proyecto de Jesús, que son las bienaventuranzas, y de vivirlas como proyecto de vida contracultural en una cultura de muerte y de sombras.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s