La Congregación sueña con nuevas vocaciones…

Y, sin duda, vendrán. No tenemos que perder la esperanza. Dios no dejará a su Iglesia sin evangelizadores, sin testigos y sin personas que lo den todo por el Reino de Dios. Siempre habrá creyentes en Él que deseen entregar la vida por la causa del Evangelio, porque su gracia se derrama a raudales por el mundo. Toda la creación está preñada de la gracia de Dios, de la resurrección de Jesús.

Siendo esto verdad, no es menos verdad que a nosotros se nos pide colaboración. Hace tiempo que la Congregación, con todo lo que es y todo lo que hace, busca crear una cultura vocacional como sustrato del camino en esencialidad en el seguimiento de Jesús. Todo en nuestra vida, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, es gesto vocacional, si lo hacemos desde la llamada matutina que Dios nos hace  y que se continúa las 24 horas del día. Todo se convierte en nuestra persona y en nuestra vida en cultura mercedaria de la caridad. Claro, que para eso, hay que vivir con un corazón despierto a las mociones del Espíritu, no dejando que la rutina se apodere de nuestra vida. Amas despiertas, corazones en ascuas, vidas encendidas en el amor y en la entrega por el Reino y la nueva humanidad.

Si toda nuestra persona dice y anuncia cultura vocacional mercedaria de la caridad, nuestras actitudes, vivencias, comportamientos, modos de vida, sentimientos, motivaciones hondas, etc. deberían “decir” y “anunciar” la buena noticia que es nuestra vocación para el mundo, aquí y ahora. La pastoral vocacional pasa, sobre todo, por la vivencia de esta cultura. La pastoral vocacional no son hechos aislados en el tiempo por importantes que estos sean, y muy encomiables, por cierto. La pastoral se hace a través de la transmisión de esta cultura mercedaria de la caridad. Y ES CUESTION DE CONTAGIO DE VIDA. Y ES UNA ACCION CORAL, DE TODAS LAS HERMANAS EN COMUNIDADES DE VIDA

Nuestras hermanas más antiguas esto lo sabían bien. Muchas de nosotras, que somos mercedarias, nos encontramos con las puertas y las ventanas abiertas (en aquel tiempo que los conventos estaban cerrados a cal y canto) de los conventos de las hermanas. Y, al verlas a ellas, nos llenábamos de alegría, de evangelio, de sencillez. Nos tocaba el alma la capacidad que tenía para servir, atender a los pobres, compadecerse de los afligidos. Nos llamaba la atención la afabilidad, la ternura, la modestia, el amor, la dulzura que ponían en sus acciones. Nos estimulaba su capacidad para la entrega, su dinamismo para querer ir hasta los confines del mundo, el amor que se tenían las unas a las otras, el cuidado amoroso y fraterno. Y nos gustaba, sobre todo, el amor tan grande que tenían a Jesús y a nuestra Santísima Madre, una vida llena de silencio y de oración. Recuerdo ver a las monjas orando, con la cabeza baja y el rostro transfigurado, las manos juntas con sentido de adoración. Y qué felicidad la nuestra cuando acariciaban, escuchaban, miraban con ternura, nos echaban en falta, cuidaban de que nosotras fuéramos la niñas mejor vestidas y puestas de todos los colegios de la ciudad.

Estas hermanas convirtieron toda su vida en cultura vocacional. Y toda su vida en gesto redentor… Y eso es UN EFECTO LLAMADA PARA NUEVAS VOCACIONES.

Si nos ven:

  • poco evangélicas
  • poco enamoradas de Jesús
  • poco comprometidas con El Reino
  • llenas de nosotras mismas: autorreferenciales, egoístas e individualistas
  • buscando el propio querer e interés
  • no enamoradas de la vocación recibida

El efecto llamada no se producirá.

Y una vez que la chispa de la llamada se enciende en los corazones, es importante seguir abriendo puertas y ventanas porque

  • hay que seguir contagiando vocación todos los días
  • todos los días tenemos que acompañar los procesos humanos y de fe de las jóvenes, y en ello se tiene que empeñar toda la comunidad porque la acción pastoral es “coral”, de la comunidad creyente
  • Y siempre que se pueda hacer acciones aisladas llenas de sentido y exigentes para completar el proceso, que como decimos, tiene que ser cotidiano y de toda la comunidad

Pues que en este día, que el Evangelio nos pide que roguemos al dueño de la mies que envíe operarios a la mies, nos impliquemos seriamente en crear esta cultura vocacional y en cultivarla. Dice el número 91 de  las Constituciones:

La comunidad religiosa, expresión de la comunidad evangélica, constituye una dimensión esencial de la pastoral vocacional. De ahí su responsabilidad de ser signo y testimonio para un despertar de nuevas vocaciones. Por tanto, abriremos nuestras comunidades a los jóvenes para compartir momentos de relación humana y de fe con ellos. Fomentaremos una cultura vocacional, que además de reevangelizar la misma cultura ofrezca a la vida cristiana laical signos del seguimiento de Jesús en radicalidad.

 

anigif

 

 

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