Los tres pilares fuertes de nuestra espiritualidad. Ellos nos configuran como hermanas mercedarias de la caridad…

6. – La espiritualidad de la Congregación brota del carisma y, especialmente, de los tres elementos constitutivos: Jesucristo Redentor, la caridad redentora y María de la Merced. Son profundizados, interiorizados, desarrollados, vividos y compartidos por cada hermana en la comunidad y en la misión. Ellos dinamizan nuestra vida y exigen una actitud constante de apertura al Espíritu.

a) Cristo Redentor

7. – La acción salvadora, liberadora de Dios en la historia, es asumida por Jesucristo y realizada a través de su proyecto de vida centrado en el reinado de Dios. El misterio de la muerte y resurrección de Cristo, fuerza redentora de la vida, asumido por quienes se adhieren a Él, hace que el hombre y la mujer encuentren en su propia realidad, la dignidad de su condición de hijas e hijos de Dios. La cristología de nuestro carisma es esencialmente pascual. Nuestra identidad de mercedarias de la caridad se fundamenta en el seguimiento de la persona y obra de Jesucristo Redentor .
Nos realizamos en la medida en que asumimos, vivimos y actualizamos este misterio, fuerza de vida transformadora del mundo y del ser humano. Somos conscientes de que el sufrimiento y el dolor, así como el sentido de la muerte, tienen valor humanizante y redentor cuando lo integramos en nuestra vida. En los contextos históricos y culturales en los que estamos insertas, queremos desarrollar la capacidad para percibir y potenciar los signos de vida y crearlos donde no existan.

b) La caridad redentora

8. – El gran don de Dios, entregado al mundo en Jesús, es el amor de caridad. El Padre Zegrí así lo entendió y nos lo dejó como legado. Nuestro Fundador testimonió con su vida y con su muerte la radicalidad de la caridad redentora, como fuente de garantía de comunión hacia dentro y hacia fuera. La Congregación tiene como objeto principal la consagración a Dios, y a los seres humanos por medio de la práctica de la caridad. Las hermanas hemos de vivir y proyectar esta caridad, teniendo en cuenta las claves carismáticas que la identifican y enriquecen. Sea la caridad la que nos acompañe y dirija en todas nuestras acciones; la caridad, que es toda verdad, que es toda santidad; la caridad, que es toda omnipotencia; la caridad, que es todo lo infinito, porque Dios es caridad .
La caridad en el Instituto, vivida en comunidades fraternas, orantes y pascuales, es una caridad redentora, gestual y sacramental que la hermana mercedaria debe manifestar con su afecto: hacia Dios y hacia el prójimo, especialmente hacia los pobres, hacia las hermanas de comunidad, sabiendo que una hermana de la caridad sin caridad es un ser incomprensible; es un contrasentido; es un absurdo .

c) María de la Merced

9. – María, por su fe y por su participación en el misterio del Hijo, es reconocida como modelo extraordinario de la Iglesia y se convierte en Madre de la humanidad. Nuestra Congregación nace bajo la protección e inspiración de la Madre del Redentor, con la advocación de María Santísima de las Mercedes. Ella es el centro de nuestra devoción y ternura y el imán poderoso de nuestro amor y cariño . La contemplamos como modelo de consagración al Padre, como discípula en el seguimiento del Hijo y en docilidad al Espíritu. Nuestra relación filial con Ella es camino de compromiso en fidelidad a la vocación y ayuda eficaz para vivirla en plenitud. Desde nuestra experiencia de amor a María de la Merced, nos empeñamos en difundir y contagiar a todos este amor. Nos decía el Padre Zegrí: Procuren que los que se relacionen con la Congregación tengan una auténtica devoción y amor filial a la Virgen (…). Nuestra Señora de las Mercedes es de todos y para todos, pues no hay título más dulce, invocación más suave, nomenclatura más amplia que la merced y misericordia de María .

10. – Nuestro carisma redentor nos invita a mirar a María a la luz del misterio pascual de Cristo, misterio que comienza en la Encarnación y culmina en Pentecostés. Ella supo integrar el proyecto redentor en su proceso existencial y vivirlo a la luz de la fe. Lo manifiesta en su fiat y lo reafirma al pie de la cruz.
Colaborando en la misión redentora de Cristo, María nos enseña a acercar a la humanidad al amor que Él vino a revelar: amor que se concreta, sobre todo, en los que sufren, en los cautivos, los oprimidos y los pecadores .
En su condición de mujer, y como pobre de Yahvéh, nos muestra el camino del Evangelio hecho cercanía, acogida, justicia y misericordia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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