Encíclica del Papa Juan Pablo II sobre la Virgen María…

Ofrecemos para estos días la Encíclica, siempre actual, de Juan Pablo II sobre María para poder meditar y reflexionar en estos días y que ella nos prepare a festejar la fiesta de la Asunción de María.

https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031987_redemptoris-mater.html

Enganchémonos al “palpitar de la vida”…

col modino

Tomado de la página fe adulta

Tomar conciencia de que todo viene de Dios, que Él es la fuente de la vida, que “nada fue hecho sin el palpitar de Dios”. Ese puede ser considerado el propósito, o al menos uno de ellos, del documental de Iglesias y Minería producido por la Verbo Films, que acaba de ser lanzado.

En 13 minutos, en un juego de imágenes y sonidos, intercalados con diferentes reflexiones y testimonios, somos llamados a reflexionar con una serie audiovisual que tiene por título “Caminos de la Eco-espiritualidad”. Se trata de descubrir que nuestro corazón late al ritmo del Planeta, al ritmo del Dios Creador, que hizo que en el principio “todo era hermoso, todo era bueno, en el universo y en la libertad. Todo era uno y diverso, interconectadamente. Todo era esplendor”, como nos relata el documental en sus primeras imágenes.

El documental es una oportunidad para entender que “somos tierra, humus”, pero también para descubrir que somos nosotros, género humano, quienes hemos arruinado el sueño de Dios. Por eso, el video hace una invitación a descubrir que “una de las enseñanzas de los pueblos indígenas, desde su experiencia espiritual, es que la creación es espiritual”, del P. José Fernando Díaz SVD, de la Coordinación de Justicia, Paz e Integración de la Creación en Chile.

Frente a eso denuncia “una civilización que trata todo como un objeto”, haciendo la propuesta de “releer el Evangelio a la luz de la espiritualidad indígena”, llamando a “una verdadera conversión desde una espiritualidad que es capaz de comprender la Creación como Palabra de Vida y no como un insumo productivo”.

Vivimos en una realidad donde “un pequeño grupo de poder económico dirige al mundo desde sus intereses y sin importarle la vida humana”, según Alberto Franco Giraldo, de la Comunidad Eco-espiritual de Colombia, convenciendo a todos de que “sus intereses son los intereses de la humanidad, y que la visión de progreso que ellos tienen es la que nos conviene a todos y todas”. Han conseguido que sea asumido que “nuestra felicidad consiste en consumir todo lo que ellos producen”, que las cosas llenan nuestros vacíos.

Ante esta realidad el Papa Francisco propone la “sobriedad feliz”, fundamentada en “una espiritualidad de interacción con toda la Creación y los demás sin dominio, sin imposiciones”. Por eso, el padre Franco insiste en que “una sobriedad consciente y profunda es liberadora”.

La Eco-espiritualidad nos lleva a sentirnos parte del todo, a sentirnos dentro del todo, pues todo y todos están interligados. Desde esa perspectiva, Moema Miranda reconoce la importancia de la encíclica Laudato Sí, que llevó a entender “el sentido de que nos reconectemos con el concepto de Casa Común, que revivamos la idea de que somos parte de una casa más grande que nosotros y que es común a toda la vida”.

La antropóloga brasileña afirma que “la eco-espiritualidad nos ayuda a pensar que, si nosotros habitamos una casa común, ¿cuál es nuestra idea común de casa?”, haciendo ver que el lugar donde cada uno vive nos hace entender el concepto de casa desde una perspectiva diferente. En un mundo devastado, “la eco-espiritualidad nos llama a la idea de la reconexión, a la idea de que existe más allá de la ecología, un discurso, una comprensión de la articulación del mundo como un ecosistema, además de una idea de economía, que debería adecuarse a la casa, de una ecosofía”.

Estamos ante “una espiritualidad que conecta, que une, en el Espíritu de Dios Creador, Padre y Madre, que nos hermana, que nos construye como seres que son hermanos y hermanas de todo lo creado, de esta casa que es toda ella criatura, que es toda amorosidad”, afirma Moema Miranda. Por eso, hace una llamada a “regresar como hijos e hijas pródigos para disculparnos por lo que hemos hecho de devastación y reanudar la conexión”. La propuesta es aprender “de los pueblos que siempre supieron, que nunca se engañaron a sí mismos que el progreso y el desarrollo eran mejores que el agua limpia y la tierra para plantar y cosechar”.

No olvidemos, como relata el documental, que “en su vientre siempre hay la posibilidad de vida, porque la tierra es Gaia, la Tierra es Madre. ¡Su corazón late, late fuerte! Si prestamos atención y conectamos nuestra mente con el corazón del vientre de la tierra escucharemos un gemido, un gemido frágil, un gemido que es suyo, un gemido que es nuestro”.

Un comentario de Dolores Aleixandre: Pan de Dios en el desierto…

col aleixandre art

Rabí Yehudá ben Samuel sentía sobre sus hombros un pesado fardo que aumentaba cada vez que recordaba las palabras del salmo: “Lo que oímos y aprendimos y nos contaron nuestros padres, no lo encubriremos a nuestros hijos, lo contaremos a la siguiente generación: las glorias del Señor, y su poder, y las maravillas que realizó…”

Corrían tiempos difíciles y él no estaba seguro de poder comunicar a sus hijos esas maravillas. Vivían en un país de la diáspora, los niños se mezclaban con hijos de gentiles y, aunque aprendían hebreo en la Bet ha Midras, esa lengua ya no era la suya ni tenían ya la misma veneración por las costumbres judías que él había vivido en su infancia. Hacían preguntas que él de niño jamás se habría atrevido a hacer y había oído decir a  su hijo mayor que el maná solo era semillas de cilantro que habían encontrado en el desierto: “Era como el que guarda mi madre en la despensa y no me extraña que nuestros padres se cansaran de comer lo mismo durante cuarenta años”.

Por eso Rabí Yehudá se preparaba para narrarles aquella historia, así que tomó el rollo de la Torah y buscó el libro de Shemot. Cuando encontró el relato del maná, sintió una intensa emoción: “Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin el día quince del segundo mes después de salir de Egipto y la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto diciendo: Nos habéis sacado de Egipto para matar de hambre a toda esta comunidad…”

Así comenzaba el relato que se había convertido para él en el maestro que lo había iniciado en otro tipo de sabiduría y le había convertido en el creyente que ahora era. Cuando lo descubrió, estaba atravesando un tiempo de penurias y se había reconocido en las murmuraciones de los israelitas y en su fe vacilante. Más tarde le llegó un golpe de suerte y los tejidos que fabricaba subieron de valor pero, con la riqueza, llegaron las tentaciones: “Es mi habilidad para los negocios la que me ha hecho rico”, pensó. Pero las palabras de Moisés le curaban de su soberbia: “Es el Señor quien os da este pan…”

Con las posesiones, llegó también la ansiedad por acumular pero tuvo un sueño liberador: al abrir las arcas en que almacenaba sus bienes, las encontraba llenas de gusanos, como el maná que se guardaba de un día para otro. También su afán por seguir produciendo sin detener el ritmo de los telares se le reveló, de pronto, como un gran pecado y volvió a guardar el Sábado como día dedicado al Señor, según había ordenado Moisés.  Empezó también a obedecer la orden de “llevar porciones a los que no tenían” y se convirtió en un hombre generoso que compartía con esplendidez sus bienes con los pobres. Iba aprendiendo a conocer mejor la desmesurada misericordia de su Dios y a descubrirla como un manantial incesante de dones que colmaba de bienes su existencia.

La llegada de sus hijos interrumpió sus recuerdos. Se quedaron de pie en torno a él y antes de comenzar su explicación, Rabí Yehudá pronunció la bendición: “Bendito eres, Señor Dios nuestro que nos rescataste de la esclavitud, nos hiciste vivir y en la abundancia nos alimentaste. Bendito eres Tú Señor, Rey del universo, que sacas para nosotros el pan de la tierra”. Y ellos respondieron: Amén, amén. Y se sentaron a escucharle.

Dolores Aleixandre

Palabras del Papa en la celebración del día mundial de los ancianos…

Acabamos de celebrar la liturgia con motivo de la Primera Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. ¡Un aplauso a todos los abuelos, a todos! Abuelos y nietos, jóvenes y viejos juntos han manifestado uno de los rostros bellos de la Iglesia y han mostrado la alianza entre generaciones. Invito a celebrar esta Jornada en todas las comunidades y a visitar a los abuelos y a los ancianos, a los que están más solos, para entregarles mi mensaje, inspirado en la promesa de Jesús: “Yo estoy contigo todos los días”. Le pido al Señor que esta fiesta nos ayude a los más entrados en años a responder a su llamamiento en esta etapa de la vida, y muestre a la sociedad el valor de la presencia de los abuelos y los ancianos, especialmente en esta cultura del descarte. Los abuelos necesitan a los jóvenes y los jóvenes necesitan a los abuelos: ¡tienen que hablar, tienen que encontrarse! Los abuelos tienen la savia de la historia que sube y da fuerza al árbol que crece. Me viene a la mente —creo que ya lo he citado— ese pasaje de un poeta: “lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado”. Sin diálogo entre jóvenes y abuelos, la historia no sigue, la vida no sigue: hay que retomar esto, es un desafío para nuestra cultura. Los abuelos tienen derecho a soñar mirando a los jóvenes, y los jóvenes tienen derecho al coraje de la profecía tomando la savia de sus abuelos. Por favor, haced esto: encontrar abuelos y jóvenes y hablar, dialogar. Y hará felices a todos.

Acogemos las palabras del Santo Padre con relación a los ancianos. Nuestra Congregación tiene ya un alto porcentaje de hermanas ancianas, y, según el Santo Padre, todos los ancianos son una gran riqueza para la sociedad ya que los abuelos tienen la savia de la historia. Sin las raíces del árbol de la historia, el árbol frondoso que representan los jóvenes, no crece. Ningún ser humano se puede descartar. En la historia de las Instituciones todos somos importantes. Cada hermana, dicen las Constituciones, es importante en la construcción de la comunidad de la que formamos parte. Gracias a Dios, en nuestra Congregación, tenemos gran consideración a las hermanas ancianas. Pero tendríamos que aprender más del coraje con el que han vivido, de la vida que han entregado, de la esperanza que nos han dejado, de la llama del carisma que mantienen viva por vivir inmersas en el misterio pascual, de la caridad redentora con la que han liberado tantas esclavitudes. Si miramos a los grandes dirigentes del mundo de hoy, muchos de ellos, son personas mayores. Y admira la sabiduría y el coraje con que llevan adelante la misión.

A todas las hermanas mayores, entre las que ya nos encontramos muchas de nosotras, les decimos lo valiosa que es su vida para la Congregación. Sin sus raíces, ningún proyecto actual saldrá adelante con éxito.

Para mejor comprender el Evangelio de este domingo…

Tomado de la página fe adulta

“Buscando un merecido descanso”

col fraymarcos

Mc 6,30-38

Tenemos que tener presente el contexto. Los apóstoles acaban de volver de la misión a la que Jesús les ha enviado. Entre el envío y el regreso, nos ha contado la muerte de Juan Bautista. Terminada la misión de los doce, se vuelven a reunir y se cuentan las peripecias de la tarea que acaba de concluir. Parece ser que les ha ido bien y vienen encantados (Lc lo dice expresamente). La euforia de la gente que les busca ratifica esa visión. El éxito se les está subiendo a la cabeza y no les deja tomar la postura adecuada.

Para entender este pasaje, debemos recordar que después de los primeros éxitos en Cafarnaún, Jesús se retira al desierto para poner en orden sus ideas. En este pasaje, son los enviados los que tienen éxito y deben ser también ellos los que se retiren a examinar su actitud vital. Marcos nos está diciendo que los discípulos necesitan una seria reflexión sobre el éxito de su misión, como Jesús necesitó meditar sobre su mesianismo.

Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco. El mismo Jesús que les empujó a una actividad febril entre la gente, les lleva ahora a un alejamiento de esa misma gente para dedicarse a ellos mismos. No se trata solamente de la preocupación por su cansancio. Se trata, sobre todo, de que entiendan bien el sentido de lo que está sucediendo y no se dejen llevar por falsos espejismos. Por dos veces se dice que van al desierto, para dejar claro que necesitan una reconversión.

El texto griego no dice ‘lugar tranquilo’ o ‘despoblado’ sino ‘lugar desértico’. La diferencia es importante si tenemos en cuenta el significado que Marcos da al desierto, como lugar de lucha contra el mal. Inmediatamente después de ser bautizado coloca a Jesús en el desierto, para que allí aclare cuál va a ser su verdadera misión, superando la tentación del un mesianismo triunfalista. Después del éxito en la sinagoga de Cafarnaún y la curación de la suegra de Pedro, cuando todo el mundo le buscaba, se marcha él solo al desierto.

Se les adelantaron. Los planes van a ser frustrados por una urgencia mayor, la de la gente. En la profunda humanidad manifestada hoy, tenemos que descubrir su verdadera divinidad. El relato habla del grupo. “Los reconocieron”, “se les adelantaron”. Al incorporar a los doce a su propia misión, queda establecido el grupo como comunidad. La búsqueda de la gente refleja una carencia de apoyo y estímulo que posibilita la tarea de Jesús.

Como ovejas sin pastor. Es una imagen clásica en el AT. En una cultura en que la ganadería era el principal medio de sustento, todos sabían perfectamente lo que se estaba insinuando con la imagen del pastor. Siguiendo la primera lectura, Jesús hace una crítica a los dirigentes que, en vez de cuidar de las ovejas, las utilizan en beneficio propio. Siempre ha pasado lo mismo. Nunca han faltado pastores, pero han sido tantas las falsas ofertas, hechas con tanta persuasión, que el pueblo se ha sentido indefenso ante tales ofertas.

Le dio lástima. Hoy no le conmueve un ciego o leproso, sino la gente descarriada. La ‘compasión’ sería una manera más adecuada de expresar el amor, superando los malentendidos que la palabra ‘lástima’ comporta. Podemos sentir lástima de una persona, pero no mover un dedo para sacarla de su situación. En todos los tiempos podemos constatar políticos y eclesiásticos que no tienen en cuenta al pueblo a la hora de tomar sus decisiones. La actitud de Jesús es el mejor antídoto contra la búsqueda del aplauso.

Y se puso a enseñarles con calma. Por encima de los planes de Jesús está la necesidad de la gente. El texto griego no dice “con calma” sino “muchas cosas”. Del contexto se deduce que dedicó todo el día a esa tarea, pues a continuación Marcos narra la primera multiplicación de los panes, que empieza advirtiendo de que ‘se hizo tarde’. El tiempo es lo más preciado que tenemos; dedicarlo a los demás es la mejor manera de responder a las exigencias del evangelio. La vocación del cristiano es ser para los demás.

Se cumple la promesa de Jeremías. Jesús es el único pastor. Como dice Juan, él es el modelo de pastor, el único que no nos va a engañar ni se va a aprovechar de nosotros. Con todos los demás hay que tener cuidado, porque nos pueden desviar poniendo sus intereses por delante de los nuestros. Es una tentación en la que los seres humanos caemos casi siempre; incluso cuando hablamos de Dios es para ponerlo a nuestro servicio.

Hoy, más que nunca, andan las ovejas desorientadas. Si hay una característica de nuestro tiempo, es precisamente la desorientación. Es urgente distinguir el verdadero mensaje del evangelio de tanta ideología y partidismo en que hoy está envuelto. Cuando Pablo dice que derribó el muro que los separaba, no se refiere a una situación externa, sino a una actitud de fidelidad a sí mismo, que permite superar la barrera del odio. Lo que nos separa es siempre nuestro falso yo. Nuestro verdadero ser es idéntico en todos.

Cuando en el evangelio Jesús invita a los apóstoles a retirarse al “desierto”, está tratando de decirnos que solo en el silencio y en el recogimiento interior, podemos encontrar el verdadero ser y solo después de encontrarlo, podemos indicar a los demás el camino. Sin vida interior, sin meditación profunda, no puede haber espiritualidad. Sin esa vivencia no podemos ayudar a los demás a descubrir la viva que llevan dentro. Si encontramos a Dios en nosotros, llevarlo a los demás será la tarea más urgente y más fácil de nuestra vida.

El evangelio de hoy es un reconocimiento de la necesidad del silencio para recuperar la armonía interna, amenazada por el exceso de actividad en cualquier orden. El estrés que hoy padecemos se debe a que no tenemos tiempo para nosotros mismos. Esta falta de tiempos tranquilos nos impide asimilar y ordenar los acontecimientos que, de esa manera, nos pueden destrozar, como la comida no digerida y por lo tanto indigesta.

Busca en tu interior y descubre allí el verdadero guía. No mendigues más agua que se te da a cuentagotas. Busca la fuente que está siempre manando y a tu entera disposición. El dedicarse a los demás y la dedicación a uno mismo no son dos aspectos que se puedan separar. La contemplación y la acción no pueden disociarse. Todo acercamiento a Dios lleva directamente a los demás. Si en nuestra vida somos capaces de olvidar uno de los dos aspectos, será la señal de que nos estamos alejando del evangelio.

Al hilo de las lecturas de la misa de hoy, recordamos la fiesta de la Pascua en el Antiguo Testamento…

El Antiguo Testamento recoge cómo diariamente se ofrecían sacrificios a Dios por el Sumo Sacerdote: los ofrecía por sí mismo y por el pueblo. Pero, además, a lo largo del año había unos tiempos sagrados y fiestas en los que se ofrecían sacrificios especiales, y que se vivían con especial intensidad por el pueblo.

Había tres fiestas que eran las mayores del año y que se preparaban cuidadosamente: la de la Pascua, la de Pentecostés y la de los Tabernáculos. Siempre estas fiestas ayudaban al pueblo a recordar la providencia de Dios y les movían para agradecer de manera especial todo lo que les había dado. Nos vamos a detener en la fiesta de la Pascua. Era una fiesta de pastores en la que ofrecían las primicias de sus rebaños. Se instituyó para conmemorar con la cena del cordero la liberación de la esclavitud egipcia y la sangre rociada en las casas de los judíos que liberó de la muerte a sus primogénitos. Cada jefe de familia debía matar un cordero —como hicieron sus antepasados en Egipto— y comerlo con verduras amargas, en compañía de su familia. La fiesta duraba siete días, durante los cuales sólo estaba permitido pan ácimo. No debía haber en las casas pan fermentado, para recordar así la salida apresurada de Egipto e inculcar la santidad de vida y pureza de corazón. Se ofrecía el sacrificio y luego se celebraba la cena de Pascua con muchos ritos y gran solemnidad. Pascua significa en hebreo “el paso”. En latín significa, en cambio, “los pastos”. Se Cruzan estos dos significados dando un sentido aun mayor a la Pascua: “el paso del buen Pastor”.

El sacrificio era el momento más importante. Había dos tipos de sacrificios: cruentos e incruentos. En los cruentos se sacrificaban los animales más nobles y preciosos. Sólo permitían animales vacunos, ovejas y cabras; en ciertos casos tórtolas o palominos. Las víctimas debían ser sanas, sin defecto, perfectas y de cierto vigor.En los sacrificios incruentos se ofrecían productos vegetales que servían de alimento al hombre: cereales, harina, trigo…  El ritual del sacrificio constaba de cinco pasos: presentación de la víctima, imposición de las manos, inmolación, aspersión de la sangre y combustión de la víctima o de parte de ella, pues lo restante servía de alimento.

La Pascua judía y la Última Cena - Los sacrificios de la Antigua Ley 3

“El que ofrecía el sacrificio debía llevar por su mano la víctima al altar del Atrio, imponerle las manos sobre la cabeza en señal del entrega a Dios y de sustitución, confesar sus pecados e inmolarla también por su mano junto al lado oriental del altar. Un sacerdote, ayudado a veces por los levitas, recogía la sangre en una copa y rociaba después con ella, según la clase e importancia del sacrificio, el altar de los holocaustos o del incienso, el velo que cubría el Sancta Sanctorum o el Arca de la Alianza. Con esto se hacía entrega a Dios de la vida del animal y de la del oferente, a quien la víctima sustituía. Por fin, partido el animal en pedazos, se quemaban todos o parte de ellos en el altar, juntamente con las ofrendas, mientras los sacerdotes intercedían por el oferente” .La destrucción de la víctima significaba que Dios aceptaba ese sacrificio. Por eso el fuego del altar era santo, porque procedía de Dios. Los sacrificios eran agradables a Dios porque expresaban el alejamiento del pecado, la entrega a Dios, pero sobre todo eran figura del sacrificio único, verdadero e infinitamente grato de Jesucristo a Dios Padre en la Misa. Este sacrificio además de ser el más agradable a Dios tiene un valor infinito, y es un sacrificio perfecto y para siempre. “En el Santo sacrificio de la Misa tenemos un sacrificio perpetuo. Este solo sacrificio es suma y recapitulación del las virtudes de todos los sacrificios: es la más sublime alabanza, perfectísima acción de gracias, ferventísima súplica y eficacísima reconciliación.  En el rito de este sacrificio se pone también de manifiesto la semejanza de los sacrificios de la Antigua Alianza con el de la Nueva, y la superioridad de éste sobre aquellos” .

(Schuster, Ignacio – Holzmmer, Juan B. “Historia bíblica“.

Fuente: Un sacerdote en Tierra Santa.