Hoy, desde nuestra vivencia y exigencia vocacional nos preguntamos ¿Somos capaces de amar a la manera de Dios y perdonar como Él perdona?

Nuestras comunidades se construyen por la CARIDAD Y POR OFRECER PERDÓN Y RECIBIRLO. Fundamentalmente por eso.

Todas nosotras, hermanas mercedarias de la caridad, hemos hecho la experiencia del amor de Dios. Un amor que Él nos regala cada día envuelto en su misericordia y fidelidad, y que lleva como sello el perdón por lo que le hemos ofendido, pues somos carne de pecado, y mientras vivimos en este suelo, seguiremos siendo seres frágiles, débiles y pecadores.

Este regalo inigualable que recibimos de Dios cada día, estamos llamadas a entregarlo a nuestras hermanas de comunidad: amor envuelto en fidelidad y misericordia y con el sello del perdón. Solo así seremos realmente hijas y hermanas y discípulas de Aquel que nos dijo que no solamente teníamos que perdonar siete veces, sino setenta veces siete. Es decir, siempre.

Nuestras comunidades tienen necesidad de amor y de perdón. En este día pedimos al Señor que nos revista con el vestido de la gracia para poder amar a la manera de Dios y perdonar como El perdona.

Perdonar siempre, a la manera de Dios, recibiendo y ofreciendo perdón…

Por José Antonio Pagola, tomado de “Fe adulta”

Mt 18, 21-35
A Mateo se le ve muy preocupado por corregir los conflictos, disputas y enfrentamientos que pueden surgir en la comunidad de los seguidores de Jesús. Probablemente está escribiendo su evangelio en unos momentos en que, como se dice en su evangelio, «la caridad de la mayoría se está enfriando».
Por eso concreta con mucho detalle cómo se ha de actuar para extirpar el mal del interior de la comunidad, respetando siempre a las personas, buscando antes que nada «la corrección a solas», acudiendo al diálogo con «testigos», haciendo intervenir a la «comunidad» o separándose de quien puede hacer daño a los seguidores de Jesús.  
Todo eso puede ser necesario, pero ¿cómo ha de actuar en concreto la persona ofendida?, ¿Qué ha de hacer el discípulo de Jesús que desea seguir sus pasos y colaborar con él en abrir caminos al reino de Dios: el reino de la misericordia y la justicia para todos?   Mateo no podía olvidar unas palabras de Jesús recogidas por un evangelio anterior al suyo. No eran fáciles de entender, pero reflejaban lo que había en el corazón de Jesús.
Aunque hayan pasado veinte siglos, sus seguidores no hemos de rebajar su contenido.   Pedro se acerca a Jesús. Como en otras ocasiones, lo hace representando al grupo de seguidores: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar?, ¿hasta siete veces?». Su pregunta no es mezquina, sino enormemente generosa. Le ha escuchado a Jesús sus parábolas sobre la misericordia de Dios. Conoce su capacidad de comprender, disculpar y perdonar. También él está dispuesto a perdonar «muchas veces», pero ¿no hay un límite?   La respuesta de Jesús es contundente: «No te digo siete veces, sino hasta setenta veces siete»: has de perdonar siempre, en todo momento, de manera incondicional.   A lo largo de los siglos se ha querido rebajar lo dicho por Jesús: «perdonar siempre, es perjudicial»: «da alicientes al ofensor» «hay que exigirle primero arrepentimiento». Todo esto parece muy razonable, pero oculta y deja irreconocible lo que pensaba y vivía Jesús.   Hay que volver a él. En su Iglesia hacen falta hombres y mujeres que estén dispuestos a perdonar como él, introduciendo entre nosotros su gesto de perdón en toda su gratuidad y grandeza. Es lo que mejor hace brillar en la Iglesia el rostro de Cristo.  

Hermana mercedaria, haz una apuesta decidida por la fraternidad, por la comunión y por la unidad…

Tu opción decidida garantizará que Jesús esté siempre en medio de nosotras “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellas”… ¡Qué maravilla”, y es tan sencillo… Hay que apostar por la comunidad, por la comunión, por la unidad. Porque nosotras asumimos la comunitariedad como forma de vida de nuestra consagración. La opción definitiva la hicimos, pero tiene que ser renovada cada día, para que no pierda sentido ni tensión de fe, esperanza y caridad.

Esto no lo dificulta ni la diferencia ni la pluralidad, al contrario, diferencia y pluralidad garantizan una vinculación que enriquece cotidianamente la fraternidad.

Hoy nos tomamos el pulso en esta RESPONSABILIDAD DE TODAS:

¿Qué pongo y ofrezco de mí misma para que la fraternidad entre nosotras sea una realidad y hagamos experiencia de que Jesús está en el medio de nosotras?

¿Cómo vivo la experiencia de la diferencia y de la pluralidad?

¿Qué tipo de vínculos creo y ofrezco en comunidad? ¿Son vínculos creados por la CARIDAD Y LA LIBERTAD?

¿Tengo capacidad de ofrecer confrontación comunitaria cuando las cosas no van bien, y de recibirla?

SOMOS RESPONSABLES Y CORRESPONSABLES DEL BUEN FUNCIONAMIENTO DE NUESTRAS COMUNIDADES Y DE QUE ESTAS OFREZCAN AL MUNDO UN VERDADERO TESTIMONIO DE AMOR Y DE UNIDAD: MIRAD COMO SE AMAN… Nadie nos podemos evadir ni eximir de esta responsabilidad. Para que el mundo crea, y nos crea a nosotras, nuestra opción de vida, tenemos que vivir unidas: Padre, que todos sean uno para que el mundo crea (Jn 17,21)

Hoy se nos hace una nueva llamada para poner a Jesús en el centro de nuestra fraternidad…

Donde dos o tres están reunidos en mi nombre | Alfa y Omega

Foto: REUTERS/Carlos García Rawlins

Si algo configura de manera peculiar la vida de los cristianos en la Iglesia es el carácter comunitario. Sin embargo, no es esta una cualidad exclusiva de nuestra fe. Desde que venimos al mundo estamos en relación con otras personas. Primero en el ámbito familiar y, progresivamente, nuestro círculo social se va ampliando hacia el resto de parientes, amigos o compañeros de trabajo. Puesto que la vida eclesial no es ajena a las dimensiones del hombre, la Palabra de Dios tiene algo que decir sobre el modo de conducir nuestra vida en relación con el resto de miembros de la Iglesia.

Ciertamente, donde hay distintas personas existen diversos pareceres, y no solo eso, sino que es posible sufrir y causar ofensas hacia los demás. Además, la vivencia social de la fe lleva a orar juntos. Por eso, el Evangelio de este domingo se refiere también a la relevancia de la oración comunitaria. Jesús nos explica, en primer lugar, qué hacer ante la ofensa de un hermano y, en segundo lugar, la eficacia de orar juntos.

La reconciliación con el hermano

El amor al prójimo aparece como la raíz de la estabilidad social. San Pablo afirma en la segunda lectura que «el que ama ha cumplido el resto de la ley». La caridad fraterna implica un sentido de responsabilidad recíproca, de modo que, si mi hermano peca contra mí, debo actuar movido por la caridad y no por el principio de acción y reacción, que a menudo es el movimiento que instintivamente surge. No es admisible, por lo tanto, la venganza. Pero tampoco Jesús defiende, en principio, el silencio ante una ofensa recibida. La primera lectura de la Misa dice: «A ti te pediré cuenta de su sangre», refiriéndose a quien no ha advertido al malvado que cambie de conducta. Las palabras del Señor van dirigidas a concretar el amor al prójimo en la reconciliación con el hermano, tal y como escuchamos en el versículo del aleluya: «Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, y ha puesto en nosotros el mensaje de reconciliación» (2 Co 5, 19). La búsqueda del encuentro con el hermano debe llevar, primero, a hablar con él a solas. Esta acción ha de estar animada por el amor y no por el deseo de ofender al hermano públicamente, sino por buscar la paz de un modo discreto. Se quiere, ante todo, el restablecimiento de unas relaciones verdaderamente fraternas, tratando de ganar al hermano. Con todo, ello no significa minusvalorar la ofensa realizada; de hecho, el Evangelio utiliza la expresión «reprender», lo cual se refiere a una desaprobación clara hacia lo que alguien ha hecho o dicho.

Jesús sabe que, por la terquedad humana, con frecuencia el hermano no aceptará nuestra corrección fraterna. En ese caso se nos sigue pidiendo discreción y que busquemos a dos o tres personas para que puedan ayudar a la reconciliación, y, de no tener éxito, ponerlo en conocimiento de la Iglesia. Únicamente si no entra en razón, tras haber intervenido la comunidad, puede considerarse como un pagano o un publicano.

La oración comunitaria, fruto de la caridad

Sin quitar valor alguno a la oración personal, el Señor destaca la eficacia de la oración hecha en común a través de esta afirmación: «Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos», añadiendo que donde dos o tres están reunidos en su nombre, allí está Él en medio de ellos. Así pues, la grandeza de la oración comunitaria no nace de un mero vínculo sociológico entre amigos, compañeros, familiares o conocidos, sino de la acción de Dios a través de Jesucristo. Él no está en medio como uno más, sino como el que con su presencia dirige y guía a la comunidad reunida en su nombre.

Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

Espiritualidad de Santa Clara de Asís…

María Victoria Triviño, Espiritualidad de Santa Clara de Asís

Querríamos decir con palabra llana, amable y persuasiva cuanto de nuestra Clara, hermana y madre, hemos alcanzado a conocer. Durante años, con sus escritos y las olorosas palabras del Señor, hemos intentado seguir sus huellas y adentrarnos en su espiritualidad. Una espiritualidad que no es un adorno del siglo XIII, sino una rica herencia vivida y transmitida a través de siglos, y que en nuestro tiempo, ya a las puertas del siglo XXI, tiene una indiscutible actualidad.”La forma de vida de la Orden de las hermanas pobres, instituida por el bienaventurado Francisco, es ésta: guardar el santo evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio, y en castidad” (RCll).
Clara, como Francisco, no escribieron una Regla inspirada en el evangelio, sino los puntos claves para orientar una opción existencial por el evangelio mismo. “Guardar el evangelio”, ésta es la formulación franciscana carismática. La formulación jurídica se refiere a los tres votos, y es común a casi todas las formas de consagración religiosa.
Una llamada de evangelio, ¿se puede reducir a esquema de propia espiritualidad? La reducción, la síntesis del evangelio ya está hecha en el sermón de la montaña, las bienaventuranzas. No podríamos mejorar la plana al Señor.¿Tomar entonces un manual de vida cristiana? Tampoco nos transmitiría, seguramente, aquello que tiene de peculiar, atractivo y vigoroso la opción evangélico-franciscana. Pero ¿se puede decir que haya algo de propio, siendo así que la guarda del evangelio compromete a todo cristiano? ¿Acaso no existen otras órdenes y congregaciones que también son pobres, que también son contemplativas, que también se comprometen seriamente en la caridad? ¿Qué es lo propio, lo que caracteriza la vocación franciscano-clarisa y su espiritualidad?

Radicaliza algo muy audaz, algo que se vuelve interpelación constante en la Orden, dando lugar a ramas y reformas: la dimensión profética de la palabra de Dios, que compromete la existencia toda. No es una espiritualidad que anima una forma establecida y perfectamente estructurada, sino la interpelación del evangelio que incide sobre los diversos tiempos y lugares, provocando un nuevo nacimiento, una forma de testimonio profético, transparente a través de la flexibilidad en lo relativo.
Es decir, que interpreta “aquí y ahora” el evangelio en la historia. Como un espejo, refleja la presencia salvadora. Y lo más peculiar es recibir esta llamada como grupo, “fraternidad” que espeja el amor de la Trinidad, lo único importante que vale la pena anhelar y tener. Comunidad cristiana que debe irradiar la luz profética, como la ciudad edificada en 10 alto de un monte.Las claves de referencia para la fidelidad al propio carisma y renovar su incidencia en nuestra historia son Clara y Francisco. Cuanto más se conocen y penetran sus escritos y su historia, más pronto se llega a la conclusión del sabio: Sólo sé que nada sé. Sólo sé que Clara está por descubrir en nuestra época. Porque ella debe ser descubierta en cada época. Las figuras proféticas, como los faros del mar, tienen su proyección sucesiva sobre cada lugar de la costa. No son modelos estáticos, sino capaces de inspirar una respuesta de evangelio sobre situaciones variadas.Este espíritu profético vivido por Clara se ha transmitido a sus hijas y hermanas, y a la Orden, y a la Iglesia.
La proximidad del octavo centenario de su nacimiento (1993) inicia una etapa propicia, y cada vez se mira más a Clara para descubrir qué hizo, quién es y qué alcance tiene su irradiación franciscano-femenina.En los estudios de los últimos años va apareciendo Clara como en díptico con Francisco, confrontando aspectos de su espiritualidad. Hay algunos estudios, cada vez más profundos, sobre temas particulares. Nuestra intención no es aquí volver sobre el estudio detallado, sino un acercamiento global. No es analizar, sino unificar para captar con mirada intuitiva a la mujer evangélica, Clara de Asís, a través de su historia, de los testimonios y de sus propios escritos.
Somos conscientes de la dificultad, o la audacia, que significa escribir de espiritualidad sin reducirse a los esquemas clásicos, o apoyarse en ellos. Algunos maestros hablaron de vías, escalas, pasos, moradas, montañas y grados… Pero Francisco de Asís decía que “ni san Benito, ni san Agustín, ni san Bernardo”. Francisco es considerado en general como el hombre de la piedad práctica. “Jamás quiso él -dice Sabatier- ocuparse en cuestiones doctrinales. La fe no pertenece para él al dominio intelec¬tual, sino al moral: la fe es consagración del corazón”. Kajetan Esser comenta esta frase: “Esta tesis, tan capciosamente formulada, como otras afirmaciones de Sabatier, ha tenido entre los investigadores franciscanos una validez inalterable” (K. ESSER, Temas espirituales, Oñate 1980,227, nota). El no quiso más que el evangelio sin glosa. y el evangelio no es una doctrina, sino una fe.Al escribir las cosas del espíritu de nuestra hermana Clara, ¡la cristiana!, no podemos sistematizar sin destruir la belleza, la simplicidad intuitiva de sus palabras. A lo más, señalar las raíces bíblicas, la profundidad teológica, por donde se llega siempre al mismo núcleo unificador de la persona toda. Si hacemos partes se rompe. Si trazamos una línea nos faltarán datos para articular el progreso. Necesariamente nos encontramos con la misma sensación de quien se adentra en el evangelio espiritual, donde la misma cosa se dice de diversa manera una y otra vez. Es como dar vueltas siempre alrededor de un centro. El progreso no está en el discurso, sino en la profundidad de la intuición. O se entiende todo o no se entiende nada.Orar es mirar amorosamente el espejo de la eternidad. Vivir es reflejar lo que se ve. El itinerario espiritual es contemplación transformante del mismo espejo.
Espejo es el Hijo de Dios en la Palabra, el cuerpo del Señor en la eucaristía, el icono, la Iglesia. Espejo es Francisco y las hermanas. Toda la fraternidad es espejo-icono en cuerpo y alma, para los de cerca y los de lejos. ¿Cómo hacer partes de un todo simplicísimo?”El Hijo de Dios se nos ha hecho camino y nuestro bienaventurado padre Francisco nos lo ha mostrado”.
Su espiritualidad es una fe que mueve la vida desde un centro único, ardientemente amado, elegido: Jesucristo, imagen del Padre y revelado por el Espíritu. Creer, mirar con amor, ver, transformarse en él… Ese es el divino todo de esta espiritualidad que mueve toda la riqueza femenina, la evolución de la mujer “hermana, esposa y madre”. Y que determina un estilo contemplativo y una forma de vida que incide valiente y llena de luz sobre el pecado del mundo. Sencillamente, sin juzgar a los que visten de colores (2 R 17), anuncia la bienaventuranza de la pobreza, de la pureza, de la mansedumbre, del evangelio.Distribuimos el trabajo en dos grandes temas: el espejo y el itinerario místico. Quisiéramos que, ayudados por las frecuentes pinceladas con que vinculamos los terItas, el lector los capte en su unidad. En realidad, no hay sino un proceso amoroso de fe que unifica el ser, adherido a la evolución religioso-femenina de una mujer, Clara de Asís.
Ella es la cristiana que hace una trayectoria mística profética.Ella es la forma minorum, “el alto candelabro de santidad que fulgura vivísimamente en la casa del Señor, a cuya esplendorosa luz se han apresurado y se apresuran a venir muchas almas a encender sus lámparas en su llama” (BCCl 9).Por su gran importancia y porque no se ha trabajado todavía, tomaremos desde lejos el tema. del espejo. Es esencial para entender a Clara.Estamos viviendo un momento de la teología en que, cada vez con más frecuencia, se levantan voces autorizadas invitando a volver a los padres de la Iglesia. Y es que urge hallar el lenguaje más dinámico posible para comunicar la esencia del cristianismo de manera inteligible al hombre de hoy. Así escribe uno de los teólogos y testigos: “Es cierto que en el mundo grecolatino encontramos una línea esencialista clara; una metafísica a partir de la naturaleza, fixista y jerarquizante. Pero encontramos también otra corriente más dinámica, recogida ciertamente por los pa¬dres griegos y latinos.
Esta corriente no ha sido puesta de relieve en relación con su importancia, ni tampoco ha sido proseguida suficientemente, a pesar de su dimensión religiosa rica y profunda. En efecto, esta línea, impulsada directamente por el evangelio y sembrada ya en el helenismo filosófico y religioso, es la línea metafísico-religiosa de la presencia de Dios en el símbolo; de la presencia de la totalidad en el fragmento; de la trascendencia implicada en lo empírico. Es una línea arraigada, seguramente, en el paso joaneo del ‘ver’ al ‘creer’; paso, ciertamente, de lo sensible a lo invisible y trascendente.
Esta línea profundiza en el hecho de que un ser -un ser vivo en mayor grado y, sobre todo, un ser consciente está pidiendo un marco de realidad trascendente como condición de posibilidad de su existencia. Se trata, pues, de la corriente metafísico-religiosa que sabe leer ‘la revelación en la imagen’, como dijo con frase genial Hilario de Poitiers. Todo está ordenado según perfección y poder: hay una sola potestad, de la cual proviene todo; un solo Hijo, por medio del cual se ha hecho todo; y un solo don de la esperanza perfecta. Y no se encontrará que falte nada a tan gran perfección, dentro de la cual hay, en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, la infinidad de lo eterno, la revelación en la imagen, y la fruición en el don” (ROVIRA BELLOSO, La humanidad…, 51-52).Adentrándose en la espiritualidad de santa Clara de Asís, se acaba en la fuente limpísima de los padres. Porque ella bebió la teología mística de esa fuente. ¿Acaso podríamos aprender a contemplar su espejo de eternidad prescindiendo de los padres? ¿Qué sentido tienen sus palabras para nosotros si ignoramos la revelación en la imagen?
Los escritos de Clara tienen mucho que decir en esta hora. Tienen la luz del espejo que reflejan. Ya lo advirtió ella misma en el lecho de muerte, cuando las hermanas se esforzaban por retener en la memoria las palabras que pronunciaba hablando altísimamente de la Trinidad: “Recordaréis lo que ahora os digo en la medida en que os lo conceda aquel que me lo hace decir” (PCl III, 21). Aunque las palabras estén ahí, su sentido permanece callado hasta que llega la “iluminación”. Luego, ¿quién agotará su perfume y sabor?Las palabras de Clara no se agotan. -No las agotará nadie, porque se incluyen en la teología de la imagen y en la eclesiología de comunión y en la mística cristiana. Ella sugiere, guía, lanza hacia la experiencia de Dios. ¡Sólo quien ve y toca puede dar testimonio!Su icono-espejo es el crucifijo de San Damián, su oración y su vida, un proceso de enamoramiento bajo la acción transformante del Señor que es Espíritu.

Un paseo por la Basílica de San Lorenzo en Roma

San Lorenzo Extramuros – Testigos que tienen su voz en Roma

En la vía Tiburtina de Roma se encuentra la Basílica de San Lorenzo Extramuros, fuori le mura. Se refiere a las murallas construidas durante el Imperio Romano, las cuales aún siguen siendo un punto de referencia para los ciudadanos. En las afueras de la Ciudad Eterna se encuentra esta basílica y justo detrás de ella un gran cementerio, el Cementerio de Verano. Verano no en honor a la época estival sino a los Veranii, familia de senadores durante la época republicana.

fachada san lorenzo extramuros roma
Pórtico de entrada de San Lorenzo Extramuros

La basílica, aunque menos famosa de las otras 7 grandes basílicas romanas, no pasa desapercibida al visitante. De una belleza sencilla y acogedora, está construida en el mismo lugar donde Constantino I, el primer emperador que concede la libertad de culto a los cristianos, decidió hacer un humilde oratorio al mártir San Lorenzo, enterrado en ese mismo lugar. El papa Pelagio II en el siglo VI (muestra de ello es el mosaico de estilo bizantino que aún se conserva), realiza una gran ampliación. De todas formas, tiene también elementos del siglo XII, como su pórtico de seis columnas o su alto campanario. En el siglo XIII fueron añadidas las pinturas al fresco con imágenes de las vidas de los santos venerados allí: San Lorenzo y San Esteban.

Interior de San Lorenzo Extramuros

Si nos fijamos bien en el coro y el púlpito, podemos observar algo que nos deja maravillados, pues no es nada común. Su decoración es de estilo cosmatesco, una peculiar forma de crear mosaicos de colores y formas vigorosas. Este estilo artístico conservado en muy pocos lugares surge de la mano de un maestro del mármol, Laurentius. Inicialmente trabaja segun los modelos de la escuela bizantina. Sin embargo, un poco más tarde, llegará a crear un estilo nuevo y original.

pulpito san lorenzo fuori le mura roma
Púltpito en San Lorenzo Extramuros

San Lorenzo y San Estebán, el primerio enterrado bajo la basílica, del segundo solamente algunas reliquias, son venerados y custodiados en este lugar. Los dos son mártires, asesinados y torturados por aquello en lo que creían. Lucharon por la iglesia cristiana y ayudaron a que ese pequeño germen, que se encontraba aún escondido en las catacumbas, creciera y creciera hasta convertirse en lo que ha sido y es durante siglos y siglos para toda la cultura occidental. San Lorenzo murió torturado en una parrilla y se dice de él que guardaba el Santo Grial, fuente de eterna juventud. Al parecer consiguó enviarlo a tiempo a sus familiares de Huesca para que lo cuidarán y evitar así que los romanos lo destruyesen. Por fortuna y por desgracia, sus tíos lo guardaron tan bien que se perdió su pista para siempre.

huesca san lorenzo extramuros roma
Homenaje de la ciudad de Huesca a San Lorenzo

Por otro lado, San Esteban es el primer mártir de la historia cristiana. Era un judío converso y murió lapidado por los judíos tras supuestamente blasfermar contra Moisés y el templo de Jerusalén. Según los Hechos de los Apóstoles esas acusaciones fueron falsas y realizadas por no saber contraargumentar sus críticas hacía las autoridades judías. San Lorenzo aparece representado con una parrilla. San Esteban, en cambio, con rasgos juveniles y unas piedras a sus pies.

san lorenzo extramuros sarcofago romano
Precioso sarcófago romano con escenas de un matrimonio en época imperial actualmente en el interior de San Lorenzo Extramuros

Anque son los personajes más importantes enterrados allí, no son los únicos. El cardenal Guglielmo Fieschi, fallecido en 1256, se encuentra en una tumba decorada con la celebración de un matrimonial pagano. Hay dos sarcófagos más en el pórtico. El más curioso pertenece a un cristiano del siglo VII decorado con putti o niños alados comiendo uvas de clara influencia pagana.

Relieve con uvas y putos en la basílica de San Lorenzo Fuori le Mura

La basílica sufrió daños importantes durante la segunda guerra mundial. Un bombardeo en 1943 destruyó gran parte del pórtico y provocó muchas víctimas. Este hecho produjo una famosa visita del papa Pío XII a la basílica y barrio de San Lorenzo. Años después volvió a su explendor gracias a una reconstrucción que respetó su estilo original. Se convierte así en un ejemplo vivo de lo que en ella se guarda, la muerte que vuelve a la vida a través del arte.

Gracias a sus pinturas y a sus paredes de piedra nos llenamos de espiritualidad en ese espacio de silencio casi inquebrantable. Situada justo delante de un cementerio, con mausoleos y esculturas imperecederas, nos dejamos llevar por la dialéctica del arte, su eterna vida y el horror de la muerte de aquellos a los que aún hoy se venera.

Escribe a tu Guía En Roma (info@enroma.com) si deseas una visita guiada personalizada en esta basílica.