Un grupo de creyentes, ¡Qué maravilla y qué sana envidia! reflexionan sobre el evangelio del paralítico ¿no podríamos nosotras hacer lo mismo?

Página “Grupos de Jesús” de José Antonio Pagola

TEMA 17. El paralítico curado de su pecado

Este tema significó para nuestro grupo “Camino de Emaús” un momento de mucha reflexión y revisión de vida. Aquí les dejamos algunos fragmento de nuestras ricas reuniones virtuales.

• Cuando trato de reflexionar en este episodio del evangelio tomándolo al pie de la letra llego a un callejón sin salida. Tropiezo con la misma dificultad que en otras narraciones de hechos sobrenaturales atribuidos a Jesús. Es decir, ver a Jesús ejerciendo de Dios en la tierra contraviniendo las leyes de la naturaleza para curar enfermedades aparentemente incurables, etc. Y esto, aunque es lo que me ha enseñado la Iglesia desde siempre, no me ayuda a creer en Dios. Necesito apoyarme en la humanidad de Jesús para acercarme a él.
• Este hombre paralítico no hace ni dice nada. Permanece tumbado, incrustado en su camilla. Para mí, la camilla representa la ley, esa cantidad de normas y preceptos que lo tienen paralizado, pegado a ella, le impide moverse como hombre libre. Está paralizado por la ley. Sería bueno que podamos ver las “camillas” que nos tienen postrados en todos los órdenes de nuestra vida.
• El paralítico: no tiene iniciativa, aunque se deja llevar, no se resiste… Varias veces podemos estar en esta actitud: nos damos cuenta de que hay que hacer algo que nos podría ayudar a salir de una determinada situación de inacción, de desaliento, de parálisis; sin embargo nos dejamos estar, no intentamos revertir la situación, bajamos los brazos, no contribuimos en nada… pero es importante que nos dejemos llevar, confiando en esas personas que nos quieren bien, y así puede suceder el milagro.
• También podemos caer en esta actitud de soberbia para con los demás que tienen otra manera de vivir su espiritualidad o su religión. Muchas veces nos vemos tentados a subestimar otras formas de devoción popular o considerar “pecado” u “ofensa a Dios” cuando alguien no actúa en consonancia con nuestros parámetros morales, y en esas actitudes podemos perder de vista al ser humano que está sufriendo y necesita ser sanado.
• Del Evangelio de este domingo extraigo esta frase que viene muy bien aquí: “Recibid Espíritu Santo. A quienes dejéis libres de los pecados, quedarán libres de ellos; a quienes se los imputéis, les quedarán imputados.” ¿No es acaso a esto que estamos llamados los que nos decimos seguidores de Jesús? Dejo “picando” esta pregunta para que nos atrevamos a contestarla. Abrazo y bendiciones para todos.
• Entiendo que lo primero que hizo Jesús fue liberarle de esa pesada carga (No solo estaba enfermo, sino que además estaría pensando en lo que habría hecho en su vida para que Dios le castigara con esa parálisis).
• Yo creo que ambas cuestiones van unidas teniendo en cuenta la situación de esa época. Primero le liberó de la carga de sentirse a la vez enfermo y culpable y después le curó para que entendiera como es el verdadero amor de Dios.
• Hoy me he percatado que quizá el evangelio donde pone más énfasis es en la inaccesibilidad a Jesús, en lo lejos que estamos a veces de Él, en el trabajo que nos cuesta acercarnos a Él; yo me he sentido tantas veces paralítica en este sentido… físicamente incapaz de ir hasta Jesús para que me escuche… y quizá esa parálisis no es real, sino que la creamos nosotros por nuestros prejuicios o nuestras ideas erróneas…
• Desde mi visión humana y egoísta, siempre he pensado que lo complicado es curar la dolencia física (seguramente, los maestros de la ley pensaban así también, por eso Jesús actuó de esa forma). Sin embargo, en este evangelio Jesús nos deja claro que lo más difícil (y al mismo tiempo lo más importante) es perdonar los pecados, es decir, curar el corazón.
• Para Jesús, en cambio, el perdón es don gratuito que brota de la fe. Por eso puede decir y dice: «Dios te perdona», sin esperar el cumplimiento de las leyes y los ritos.
• El paralítico y los amigos. Algunos voluntarios, buenos vecinos o familiares lo trasladan hasta la casa. Está actitud solidaria le encantó al Maestro. Estos rasgos de los 5 hombres también me gustan. Y despliegan ellos una recursividad e iniciativa fuera de serie. En la misma línea de Jesús, estos amigos ya vivían el reino de Dios, en la solidaridad hacia el paralítico.
• Jesús me descoloca con esto, pues estoy acostumbrado a pensar primero en mi salud física y financiera y en esa camilla me trepó primero. Mis deslealtades a los rasgos de Dios, no es lo primero. Y siento que Jesús me solicita que cambie mi paradigma. ¿Es el perdón lo que más necesitamos? No lo había pensado. Mas sí siento una brisa fresca apaciguadora al recibir el perdón de las personas a quienes lastimé.
• Para llegar al mensaje de Jesús lo primero es querer. En el texto los obstáculos que deben salvar son varios: muchos delante de la puerta, muchos dentro de la casa. Pero se las ingenian, porque su deseo es llegar a Jesús. Desmontan el techo y lo descienden sobre Jesús. ¿Y nadie les dice nada mientras abren el boquete? Porque tuvo que ser un agujero hermoso para descender al paralítico en su camilla. Es más fuerte su deseo de llegar a Jesús que los obstáculos no son problemas.
• Hoy tenemos enfermedades como la ansiedad, la depresión, el estrés, que son más bien enfermedades psicológicas, pero que sí pueden llevar a padecer ciertos síntomas de dolor, e incluso llegan a tenernos que medicar. A los maestros de la ley no les importa el ser humano. Les importa que se cumpla lo que Dios quiere. Para ellos no es importante el paralítico. Por eso, cuando Jesús le perdona los pecados,
• Jesús viene a decir a los maestros de la ley, que andaban acechándole, que lo más importante para aquel paralítico, más que devolverle la salud, era devolverle su dignidad, librándole del “pecado”, es decir de la condición de impuro, impuesta por la religión que ellos encarnaban, que lo convertía en un desecho social y le hacía perder la autoestima.
• Bartimeo grita a Jesús para que le cure, tira su manto y sale hacia el camino. Este no hace ni dice nada. Permanece tumbado, incrustado en su camilla. Para mí, la camilla representa la ley, esa cantidad de normas y preceptos que lo tienen paralizado, pegado a ella, le impide moverse como hombre libre. Está paralizado por la ley.
• Pero cuando es perdonado y sanado, el coge la camilla entre sus brazos y camina. La ley nos puede acompañar, pero no paralizar.
• Sería bueno que podamos ver las “camillas” que nos tienen postrados en otros órdenes de nuestra vida.
De la segunda reunión, tomamos estos reflejos:
• En este tema se habla de pecado y de perdón, de la salud del alma y del cuerpo. Para el paralítico de este relato y para otros menesterosos a los que socorrió Jesús, se sugiere que el perdón de Dios, que Jesús administraba, no sólo les reconciliaba con él, sino que les liberaba de las ataduras religiosas y sociales que les mantenían postrados, segregados, olvidados…y enfermos. La salud del cuerpo aparecía casi como una consecuencia de esa liberación.
• Mi conciencia más clara de alejamiento del Reino Dios es el hecho de vivir instalado dentro de una sociedad absolutamente desigual, donde la clase media, a la que pertenezco, se va encogiendo, generando cada vez más pobres, y donde la clase “alta” cada vez acumula más riqueza. Esto me hace sentirme mal, pero no “en pecado”, porque no he elegido vivir en esta sociedad.
• Lo que más me paraliza a mí para seguir a Jesús con libertad, es mi apego a la vida cómoda y la mediocridad. Me encuentro muy bien como estoy y me conformo con formarme y con realizar algún voluntariado, que me sale del corazón
• Yo no creo que pueda ofender a Dios, pero si puedo ofenderme a mí misma, a las personas que me rodean y a la naturaleza o medio ambiente. Quizás al ofender a estos estoy ofendiendo de forma indirecta a Dios.
• Confieso que me cuesta mucho entender esto del “pecado”. He tenido que superar varias concepciones grabadas a fuego en mi alma a través de la enseñanza recibida, en la que se hacía demasiado hincapié en la culpa y en la ofensa a Dios hasta con el pensamiento. Felizmente, a medida que fuimos madurando en la fe y recorriendo un camino de espiritualidad más cercano a Jesús de Nazareth, me pude ir liberando de tanta carga inútil que no me llevaba a ningún lado.
• Pienso que los verdaderos “pecados” son las acciones u omisiones que hacemos y que –de una u otra manera- perjudican al prójimo. El ir o no ir a misa solo me hace bien o me perjudica a mí, pero no a otros; lo mismo sucede con tener una u otra inclinación sexual y tantas otras cosas en las que la Iglesia puso siempre su acento. En cambio, sí perjudican a otros, actitudes que como éstas:
– Acumular ropa que no uso en mi placard, en vez de darla a quien necesite.
– No ayudar a alguien cuando podría hacerlo.
– No escuchar o ser intolerante con quien piensa distinto.
– Hacer circular una murmuración que hable mal de alguien.
– Callar frente a una injusticia.
– Difundir algo cuando no sé si es verdad.
– No pagar el precio justo o mayor a las personas a quienes les solicito un servicio. Aprovecharme de su ignorancia.
– No cuidar la naturaleza ni el ambiente, contaminándolos con nuestros productos o nuestra basura.
– Tratar con soberbia o altanería a las personas.
– Desperdiciar o tirar la comida, en vez de acercársela a alguna institución o personas a las que les vendría bien.
– Ser indiferente al dolor de los demás.
– Juzgar o discriminar a las personas por nuestros prejuicios: su aspecto físico, su orientación sexual, su filiación política o religiosa, su nacionalidad, su historia personal, etc.
• Mis pecados son mis debilidades personales que me lastran y no me dejan ser mejor cristiano.Toda la vida llevo luchando por ser mejor persona y algunas veces lo consigo y otras no
• Desde que estoy en mi parroquia, hago uso del sacramento de la reconciliación más a menudo, y en ocasiones he sentido muchísima Paz… Intento confesar, al menos, en Cuaresma y en Adviento, pero también me acerco al sacerdote cuando siento que necesito reconciliarme con Dios, aunque crea que no tenga pecados graves…
• Creo que el mayor pecado que podemos cometer los cristianos es considerarnos buenos o no necesitados del Perdón de Dios.
Y finalizamos con la bella oración de René
No te sentía como manantial, como cascada de
perdón continuo, Jesús querido. Ahora entiendo que
otro rasgo predominante tuyo, fue tu disponibilidad
continua a perdonar. Más aún, a perdonar sin
condiciones expresas, sin penitencias, sin requisitos,
sin sacrificios.
Quiero ingresar a tu fuente de perdón continuo. Que yo
perdone 70 veces 7 también, mi Jesús.

Con mucho afecto, Adolfo, Consuelo, Lourdes, Juan, Kontxi, Roberto, René, Adriana, Ilda y Graciela
GVJ Camino de Emaús

No endurezcáis vuestro corazón…

Hermana Mercedaria, acoge el corazón vulnerable al amor, que es el corazón que Dios te regala cada mañana. Un corazón vulnerable a su Palabra, a su ternura, a su misericordia. Que tu corazón tenga las alas de la libertad para amar a la manera de Dios, para perdonar como El perdona, para acoger a todos con la misericordia, la compasión y la consolación que Dios te ofrece a ti en la Eucaristía de cada día. El corazón es la sede de las motivaciones y de los sentimientos. Si tus motivaciones están relacionadas con el amor a Dios, a los hermanos, al mundo, a la humanidad seguramente te motivará ese grande amor que proviene de Dios y que nos vincula con todo lo que Dios ama. Y si tus sentimientos son de amor se extenderán como un manto sobre todo el creado con las acciones propias del amor de Dios: ternura, bondad, acogida, escucha, etc.

A veces tenemos el corazón duro, que es algo que Dios reprueba como vemos en la primera lectura de hoy. Y el Señor nos ha dicho: Tened cuidado que no se endurezca vuestro corazón. En la Sagrada Escritura los corazones duros han hecho saltar la “queja de Dios” contra sus hijos. Dios quiere que nuestro corazón sean siempre vulnerable al amor, PORQUE EL ES AMOR. Y nuestro Fundador es muy radical en esta exigencia. Por tanto, si queremos ser Hermanas mercedarias de verdad, tenemos que cuidar el corazón y no dejar que se endurezca en en el día a día, sino que se haga cada vez más misericordioso y fiel, más compasivo y tierno, más acogedor y perdonador, más manso para revelar a todos el grande amor de Dios.

Hermana mercedaria ¡Cuida tu corazón! Es tan bello el corazón humano cuando está abierto al amor. Los corazones abiertos al amor lo transmiten a través de la mirada, de las palabras, de las sonrisas, de la acogida mutua, de la relación que se entabla, de los gestos amorosos que se regalan.

Tenemos una “Sumo sacerdote, misericordioso y fiel”, que camina a nuestro lado y en el confiamos…¡Cuánto te amamos, Señor!


Existe un gran consuelo al saber que tenemos un abogado misericordioso en el cielo.

Hebreos 2.14-18

En ocasiones cuando las personas están distanciadas, necesitan un mediador para lograr la reconciliación. Este era el rol de los sacerdotes del Antiguo Testamento. Estaban entre Dios y el hombre pecador, ofreciendo sacrificios para reconciliar a ambos. Estos sacerdotes terrenales no eran sino una sombra de Cristo, que vino como el Cordero del sacrificio y el último sumo sacerdote. El Hijo de Dios dejó el cielo para convertirse en carne y sangre, y poder así ofrecer su vida en la cruz (Fil 2.6-8). De esa manera, Cristo libertó del pecado y de la muerte a todos los que crean en Él.

Nuestro Salvador fue el mediador perfecto. Porque Jesucristo era Dios, era el Cordero sin defecto que exigía la ley (Dt 17.1). Y debido a que era totalmente hombre, fue posible que muriera. A diferencia de los sacerdotes terrenales que una y otra vez ofrecían sacrificios de animales por ellos y por el pueblo, Jesús se ofreció como pago por los pecados de la humanidad (He 7.27). Por lo tanto, habiendo satisfecho la justicia de Dios con su sangre, fue resucitado a la vida.

La muerte no terminó con el papel del Salvador como nuestro Sumo Sacerdote. Después de la resurrección, Cristo ascendió al cielo, donde está sentado a la diestra del Padre, e intercede por nosotros. Habiendo vivido en la Tierra como hombre, Él entiende nuestras debilidades y nos da su misericordia y su gracia para ayudarnos en los momentos de necesidad (He 4.16). Existe un gran consuelo al saber que tenemos un abogado misericordioso en el cielo. Sus oraciones están de acuerdo con la voluntad de Dios, por lo que también tenemos la seguridad de que el Padre responderá cada intercesión que Jesús haga a favor nuestro.

Nos proponemos estudiar “los salmos” para mejor entender lo que rezamos…

En este tiempo, ordinario de la liturgia, vamos a estudiar algunos de los salmos que rezamos en laudes para poderlos comprender mejor. Cada día propondremos los dos salmos de esta hora litúrgica. El estudio está realizado por un experto en Biblia y presentados en power point. Provienen de la diócesis de Almería.

Hoy hemos rezado el salmo 23 y el salmo 32. Presentamos estos dos salmos para poderlos rezar con mayor sentido…