Santa Teresa y su devoción a San José, testimonio que ha influido en toda la Iglesia…

— Tomado de portal carmelitano-

SJ Ma y Sta Teresa

Testimonio de Santa Teresa de Jesús, que viéndose libre de una grave enfermedad -según ella por intercesión de San José-escribe la página que más ha influido a partir de ella en la extensión de la devoción al Santo Patriarca.

“Como me vi tan (enferma), y en tan poca edad, y cuál me habían parado los médicos de la tierra, determiné acudir a los del cielo para que me sanasen… y tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad, como de otras mayores de honra y pérdida de alma, este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo, hasta ahora, haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo. De los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma. Que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; de este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas; y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra…, así en el Cielo hace cuanto le pide… Procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía, más llena de vanidad que de espíritu… Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso Santo por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud… Paréceme ha algunos años, que cada año en su día le pido una cosa, y siempre la veo cumplida. Y si va algo torcida la petición, él la endereza, para más bien mío. Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir por menudo las mercedes que ha hecho este glorioso Santo a mí y a otras personas. Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial personas de oración siempre le habían de ser muy aficionadas … Quien no hallare Maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro y no errará el camino. Plegue al Señor que no haya yo errado en atreverme a hablar de él, porque, aunque publico serle devota, en los servicios y en imitarle siempre he fallado”.

 

Una interesante interpretación de la figura de San José realizada por el Papa Francisco…

(Tomado de Aciprensa)
El Papa Francisco durante la Misa en Casa Santa Marta.

En su homilía de la Misa celebrada en la Casa Santa Marta este lunes 18 de diciembre, el Papa Francisco se centró en la figura de San José y en sus emociones durante el embarazo de María y los días previos al nacimiento de Jesús.

El Santo Padre explicó la importancia de la figura de San José, y de la educación que proporcionó a Jesús durante su infancia, para la historia de la Salvación.

“Si Jesús llamaba ‘papá’ a Dios Padre, fue porque lo aprendió de San José”, señaló Francisco.

La reacción de José fue ejemplar: “José no fue junto a sus amigos a confortarse, no fue al psiquiatra para que interpretase su sueño. No: él creyó. Y fue adelante. Afrontó la situación. ¿Pero en qué consistía esa situación? ¿De qué se hizo cargo? De dos cosas: de la paternidad y del misterio”.

José, indicó el Pontífice, “se hizo cargo de una paternidad que no era suya, que venía del Padre. Y llevó adelante la paternidad con todo lo que ello implicaba: no sólo sostener a María y al niño, sino también hacer crecer al niño, enseñarle el misterio, llevarlo a la madurez del hombre. ‘Hazte cargo de la paternidad que no es tuya, sino de Dios’. Y esto sin decir una palabra. En el Evangelio no hay ninguna palabra dicha por San José. El hombre del silencio, la obediencia silenciosa”.

En este sentido, el silencio de José también proporciona una importante enseñanza. “José toma de la mano este misterio y ofrece su ayuda: con su silencio, con su trabajo hasta el momento en que Dios lo llama a sí”.

“De este hombre que se hizo cargo de la paternidad y del misterio se dice que era la sombra del Padre: la sombra de Dios Padre. Y si Jesús hombre aprendió a decir ‘papá’, ‘padre’, a su Padre que conocía como Dios, fue gracias a que lo aprendió de la vida, del testimonio de José: el hombre que custodia, el hombre que hace crecer, el hombre que lleva adelante la paternidad y el misterio, que no toma nada para sí mismo”, concluyó el Papa.

 

La transfiguración, un momento de experiencia de la gloria de Dios que hace más fácil el camino de la subida a Jerusalén

En el contexto de la liturgia de hoy la transfiguración se nos presenta a nosotros, los creyentes, como un momento de experiencia de la gloria de Dios para que se nos haga menos duro el camino que realizamos con Jesús en su subida a Jerusalén, donde sufrirá su pasión, su muerte y su bajada a los infiernos. La transfiguración prefigura la gloria de la resurrección.

Jesús, en su camino hacia Jerusalén, no solo nos quiere enseñar a nosotros que todo no termina en la muerte y en la cruz, sino que a El mismo, en su necesidad de encuentro con el Padre y en su necesidad también de que el Padre, como ser humano, ratificase su camino, le hace bien escuchar el amor del Padre que le dice: Este es mi Hijo muy amado, escuchadle. La transfiguración es pues, además de la manifestación de la gloria de Dios  donde tiene todo su sentido la cruz redentora del Hijo, la confirmación, por parte del Padre, de que Jesús es su Hijo muy amado al que debemos seguir y escuchar. Es como la confirmación en el Tabor de la misión del Hijo de Dios, a quien el mismo Dios ama, sostiene, alienta y avala con su amor paternal.

La vida de todo cristiano, que es una subida a Jerusalén con Jesús, para no solo seguirle, sino para sufrir su misma suerte, necesita de estos momentos de TABOR, para que las tinieblas del camino, las dificultades de la vida y las nubes de la existencia no acaben con las mejores experiencias del amor eterno de Dios y de su fidelidad. Cuando la oscuridad nos quiere vencer, y cuando las sombras son grandes… cuando los problemas agobian y los sinsabores de la vida quieren arrebatarnos lo mejor de nuestra experiencia de Dios, Él nos regala estos momentos de Tabor, que son momentos de fidelidad, de gracia, de encuentro, de confirmación de nuestra fe y de nuestra misión. Y como a Jesús, nos repite también a nosotros: Tú eres mi hijo, muy hija muy amada.

Lo importante de esta experiencia del Tabor, que también vivimos con Jesús, como los discípulos predilectos, es que nos dejemos iluminar por el ROSTRO RADIANTE E ILUMINADO DE JESUS. ENAMORADOS Y ENAMORADAS SIEMPRE DE ESTE ROSTRO. Y que escuchemos lo que nos quiere decir. Contemplando el rostro de Jesús y escuchando su voz, tengo la certeza de que nuestra subida a Jerusalén, por muy grandes que sean las dificultades de la vida, estará llena de esperanza y de luz. En este día es importante que como los tres discípulos nos sintamos allí, en el lugar mismo de la transfiguración para quedar iluminados por su luz y TENER EL CORAJE DE DESCENDER DEL MONTE PARA SEGUIR EL CAMINO.  Porque la transfiguración es algo accidental, mientras que seguir el camino, día a día, enamorados y enamoradas del Señor, es lo propio de nuestra experiencia creyente.

Que la luz de nuestra caridad llene de esperanza el mundo…¡Feliz 16 de marzo 2019 para hermanas, Hermanos mercedarios y laicos…

 

 I Corintios, 13 1. Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. 1. Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que una campana que toca o unos platillos que resuenan. 2. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. 2. Aunque tenga el don de profecía y conozca todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tenga tanta fe que traslade las montañas, si no tengo amor, no soy nada. 3. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. 3. Aunque reparta todos mis bienes entre los pobres y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve.  4. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; 4. El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no es presumido ni orgulloso; 5. es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; 5. no es grosero ni egoísta, no se irrita, no toma en cuenta el mal; 6. no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. 6. el amor no se alegra de la injusticia; se alegra de la verdad. 7. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. 7. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera. 8. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. 8. El amor nunca falla. Desaparecerán las profecías, las lenguas cesarán y tendrá fin la ciencia. 9. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. 9. Nuestra ciencia es imperfecta, e imperfecta también nuestra  profecía 10. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial. 10. Cuando llegue lo perfecto, desaparecerá lo imperfecto. 11. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño. 11. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Cuando llegué a hombre, desaparecieron las cosas de niño. 12. Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido. 12. Ahora vemos como por medio de un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de una manera imperfecta; entonces conoceré de la misma manera que Dios me conoce a mí. 13. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad. 13. Tres cosas hay que permanecen: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más grande de las tres es el amor. “

 

Hoy hacemos memoria de las primeras hermanas mercedarias de la caridad que iluminaron el mundo y nuestra historia…

En este día, 15 de marzo, las primeras hermanas mercedarias de la caridad, tomaros el Hábito blanco de la Merced en la Iglesia de San Ildefonso de Granada. Ellas iluminaron el cielo de este día de 1878 con su entrega dando comienzo a un nuevo sueño para la humanidad, nuestra Congregación. Hoy, el Espíritu que ellas recibieron, permanece en nosotras.

En esta presentación, hermanas de todas las realidades iluminando los cielos de hoy…

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Arrepentirnos de nuestros pecados y acogernos a la gracia es un camino de vida, nos liberamos de nuestras esclavitudes…

La Palabra de Dios nos pone hoy en el camino del arrepentimiento. Arrepentirnos de los pecados cometidos contra Dios y acogernos a su gracia,  PARA VIVIR dice el profeta Ezequiel. Y arrepentirnos del mal que le hemos hecho al hermano, dice el Evangelio. también para poder vivir. Si al presentar tu ofrenda en el altar sientes que tú hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda y vete a reconciliarte con tu hermano. NO PODEMOS COMULGAR CUANDO NUESTRA ALMA Y CORAZÓN INSIDIAN EL MAL CON LOS HERMAMOS QUE DIOS HA PUESTO A NUESTRO LADO. Ser justas y libres para vivir una caridad sin fisuras es una gracia que tenemos que pedir al Señor. Cuando no amamos a los demás como nos amamos a nosotros mismos o como Dios los ama, es el principio de la muerte espiritual.

Por eso hoy queremos pedirle al Señor que nos libre de nuestros pecados y, sobre todo, que nos dé la gracia de reconocerlos y de arrepentirnos. Que nos libre de las fuerzas del mal y que nos acompañe siempre con su gracia y fidelidad para realizar, cada día, un camino de caridad que ilumine el mundo.